Me felicitaste, no fuiste de los primeros pero lo hiciste. Fue una felicitación fría pero cordial y profunda, como lo eres tu. En ella sale el jefe, el que nos unió y nos puso en el camino del otro.
Y por la noche, cuando ya estaba con el subidón de que veía a mis amigas, de que empezaba la noche en la que iba a celebrar los 20, me mandaste mi regalo de cumpleaños, me mandaste mi cuento.
Se me encogió el estomago y hasta que no leí la ultima palabra de lo que habías escrito no paré. Es un cuento bonito, con un mensaje claro y que me retrata a mi y mi vida. No hablaré mas de el, porque se que según tus normas el cuento es para mi y solo para mi, y si esto quizás algún día lo lea alguien, que lo dudo mucho, pues no sabrá nada de el, solo que fue el mejor regalo que me has hecho.
Sigo preocupada por ti, que lo sepas. Creo que los exámenes te están saliendo mal y la gente dice que es porque en Julio no has hecho el culo, que también es verdad, pero creo que es esta situación la que está influyendo también, y me siento culpable en cierta medida. Ojalá las cosas hubieran pasado de otra manera, evitando estos momentos...
Ya queda poco para que te vayas, y espero que esa vida que comiences este cargada de vida, de buenas personas que te vayan a cuidar y a acompañarte en esta aventura. Ojalá estuviera yo entre esas personas pero creo que te vas a ir y eso va a significar que con tu viaje también se irá toda nuestra historia desde el principio y poniendo el viaje como punto y final.
Te echo de menos.
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