Hoy he leído que has ido al cine y no he podido acordarme de las tres o cuatro veces que hemos ido los dos al cine.
Cuanto hacía que yo no iba al cine y contigo, volví a cogerle el gusto, volví a mirar la cartelera y a buscar la película que merecía la pena ver.
Ir al cine contigo significaba tener una hora, o dos, según lo que durase la película de caricias aseguradas, de algún beso robado y de alguna mirada de reojo, que solo hacia que sonriera. Compartir palomitas no era algo que entendiese de justicia ni de partes, porque te las comías tu todas.
¿Pero sabes lo mejor de ir al cine? El ratito de antes en el que tomábamos algo o si era un día especial hasta cenábamos. Era un ratito donde nos poníamos al día, nos contábamos como habían ido las cosas en la universidad, por casa, en la parroquia o cualquier otro tema que ese día tocase hablar o que naciese de otras conversaciones... Y ese rato era bueno y bonito, pero no era el mejor.
El mejor era después del cine. El salir de la mano comentando la película, riéndote de mi como de costumbre o que fueras metiéndote conmigo o metiéndome mano, cosas poco normales y típicas en ti, y que antes de llegar al coche te parases, mi cogieras de la cintura, me miraras y me dieras un beso de esos que hacían que me olvidase de todo lo demás y que lo único que pensara era en como poder parar el tiempo y que ese beso fuera para siempre. Pero ahí no quedaba la cosa, después de fallar en mi intento de parar el tiempo y hacer el beso eterno, nos montábamos en el coche y cuando quería ir a ponerme el cinturón, empezaba nuestra batalla de piques, besos robados y estallaban las ganas que nos teníamos el uno del otro. ¿Y lo mejor, mejor de esas noches de cine? Eso me lo guardo para mi, espero que tu también lo guardes y que quizás, algún día, cuando salgas del cine y por algún casual te acuerdes de mi, sonrías recordando ese momento, bueno, esos, porque cada uno es distinto y especial a su manera.
Y el día acababa contando las pocas horas que iba a dormir antes de que mi despertador sonara y con el comenzara el jueves, acompañado de unos cuantos besos de buenas noches, un descansa y que tengas buen día mañana. Y así, salía de tu coche, con una sonrisa, ganas de verte de nuevo y unos cuantos buenos motivos para tener sueños bonitos durante esa noche.
Y hoy, al ver que habías ido al cine, y que no era yo tu acompañante me he dado cuenta de que, el cine sin ti no será lo mismo, porque no solo era el ir al cine y ver la película, era eso y mucho más. Era eso y los minutos que le sumábamos a la nuestra, nuestra película, solo tuya y mía.
Te echo de menos.
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